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Noticias, 21/12/2007 | Embajada de Finlandia, Washington

La navidad en Finlandia

La Navidad tiene gran importancia para los pueblos nórdicos. Después de un otoño largo, oscuro, y a menudo muy lluvioso, la Navidad marca el punto de inflexión del año, el comienzo de la victoria de la luz sobre las tinieblas. Es tiempo de celebrar.

La Navidad en Finlandia está precedida por un largo y alegre período de activa preparación. Para la iglesia la festividad comienza el primer domingo de adviento, pero desde mucho antes, desde octubre, innumerables asociaciones ya se ponen manos a la obra para aprestar el espíritu de la celebración. Las primeras suelen ser las ligas femeninas con la preparación de sus kermesses de beneficencia.

Ya en otoño sus socias se reúnen siguiendo una antigua tradición para hacer los adornos. Estas veladas denominadas con el delicioso nombre de “pikkujoulu” (cuya traducción literal sería “la pequeña Navidad”) también pueden considerarse las primeras fiestas navideñas porque siempre incluyen algún programa como relatos, música y canciones alusivas, y las exquisiteces propias de la temporada.

El pikkujoulu es parte inseparable de la tradición finlandesa desde los años veinte. Todo jefe de cualquier magnitud organiza uno para su personal, y toda asociación que se precie uno para sus miembros. Los concejales de los ayuntamientos olvidan sus diferencias políticas y unen sus fuerzas para disfrutar de una alegre velada. Algunos hasta se animan a poner en escena una leyenda invernal o un sketch para diversión de sus empleados.

El primer domingo de adviento abre oficialmente la temporada de Navidad. En las iglesias resuenan los compases del Hosanna de Vogler convocando a la feligresía. Por todo el país se celebran esa tarde los llamados conciertos de adviento.

Hacia esta época los comercios y las oficinas inauguran sus iluminaciones navideñas, engalanando de luz y de fiesta los centros de las ciudades. En Pietarsaari, sobre la costa occidental, la calle Storgatan se viste de Navidad desde 1840.

Santa Lucía

El 13 de diciembre las escuelas y los hogares de lengua sueca celebran el día de Santa Lucía, una tradición llegada del país vecino a comienzos de los años veinte. La fiesta coincidía con el día más corto del año por lo que Lucía, la reina de la luz, es muy popular en la oscuridad del norte. La Lucía “oficial” de Finlandia es elegida entre 10 doncellas en una votación pública asociada a la colecta de Folkhälsan, una fundación que organiza y financia programas de atención y prevención sanitaria.

En Nochebuena un abeto y una sauna

Poco a poco va saliendo a relucir la escenografía de adviento: los niños llevan la cuenta regresiva mediante sus calendarios de Navidad y las familias encendiendo velas: en el primer domingo de adviento se enciende la primera, en el segundo ya son dos, y en el cuarto ya se tiene una gallarda fila de cuatro candelas escalonadas. Esta tradición, original de Suecia y Alemania, llegó a Finlandia en los años treinta. En las semanas previas se escriben y envían las tarjetas navideñas, se hacen o se compran los adornos, y se preparan todos los panes y pasteles especiales.

El domingo previo a la Navidad es un buen momento para localizar un arbolito para llevar a casa la víspera de Nochebuena, colocarlo en un sitio de honor y decorarlo: los finlandeses gustan de colgar de sus ramas hileras de banderas de distintos países, símbolo de la amistad entre los pueblos. Otro adorno típico son los “himmeli”, unos móviles de forma geométrica que se hacen con pajillas huecas e infinita paciencia, y todo tipo de colgantes artesanales o industriales. Muchos dejan manojos de avena en las ventanas para los pájaros. Las velas del abeto, sin embargo, no se encenderán hasta la víspera de Nochebuena.

La sauna es parte integral de la Navidad finlandesa: un viajero que recorra el campo finlandés el día de Nochebuena verá miles de cabañitas de las que se elevan columnas de humo: son las saunas.

Nochebuena

El día de Nochebuena, más que el de Navidad, es la culminación de la celebración en Finlandia. Las familias se reúnen, y los hijos adultos, aunque residan a buena distancia de la casa paterna, tratan de acercarse a ella con sus familias para esta fecha. El veinticuatro todavía es día laborable: el comercio está abierto hasta mediodía dando tiempo a los olvidadizos para comprar los últimos regalos y manjares. A las doce en punto se proclama en Turku, la antigua capital del país, la “Paz navideña” en medio de admoniciones y solemnidades originarias de la Edad Media. La mayoría de los finlandeses escuchan por radio o ven en la televisión esta ceremonia que marca el inicio de la festividad. A esta hora casi todas las familias hacen su primera visita a la mesa navideña.

Al oscurecer las familias se encaminan al cementerio que rodea la iglesia, donde se suele celebrar un servicio a las cinco de la tarde. Se encienden velas en las tumbas de los seres queridos, y algunos depositan una corona o una rama de abeto. La vista que ofrece un cementerio finlandés en Nochebuena es impresionante; ningún forastero olvidará jamás el espectáculo de las miles de velas titilando sobre el manto de nieve en el que se yerguen las lápidas.

Joulupukki, el Santa Claus finlandés

De regreso a casa, la excitación aumenta a la espera de otro aspecto muy diferente de la Navidad: la llegada de Santa Claus. El “padre navideño” finlandés, llamado “Joulupukki”, es un equivalente más bien terrenal de San Nicolás, pero difiere de sus congéneres de otros países en que realmente visita las casas en carne y hueso en la Nochebuena. Casi siempre se trata del mismo padre de familia caracterizado, pero bien puede ser un vecino o un pariente. Los niños de la casa lo reciben y ayudan vestidos de gnomos: calzas y un largo gorro rojos, y una chaqueta de algodón gris con vivos rojos.

A su llegada Joulupukki siempre hace la misma pregunta, “¿Hay niños buenos en la casa?” para escuchar la misma entusiasta respuesta: Sííí!. Suele llevar una gran canasta con todos los regalos; los niños le cantan un par de canciones o bailan una ronda con él, quien luego se sienta para relatarles las peripecias de su largo viaje desde la helada Laponia oriental, donde tiene su centro de operaciones en Korvatunturi (en 1927 un locutor de Radio Finlandia descubrió que allí vivía desde siempre).

El héroe de la jornada no puede quedarse mucho tiempo en cada casa, así que después de escuchar una última canción, recoge su nudoso bastón y abrigado en sus pieles y botas de fieltro sale con paso pesado dejando en manos de sus pequeños ayudantes la gran canasta en la que ha traído los presentes. Los documentos más antiguos sobre regalos de Navidad en las familias finlandesas datan de principios del siglo XIX. Solían ser objetos, por ejemplo ropa o algún manjar, elaborados expresamente a mano. A principios del siglo XX se generalizaron en todo el país los regalos comprados, pero en los últimos años los artesanales han recuperado su popularidad.

Una vez concluido el momento culminante del programa, puede servirse la cena de Navidad. Sobre la mesa ya están esperando las delicias que sólo mamá sabe preparar.

El día de Navidad

El 25 de diciembre, que en muchos países es el apogeo de las fiestas, en Finlandia es casi un anticlímax. Tradicionalmente siempre ha sido un pacífico día de devoción, en el que la única actividad es concurrir a la iglesia. Incluso actualmente los templos están repletos la mañana de Navidad, aunque en muchos de ellos el servicio divino comienza a las seis de la madrugada. Mucha gente prefiere seguir el oficio por televisión. En general el día de Navidad actualmente se pasa con la familia y los parientes más cercanos.

El 26 de diciembre, día de San Esteban (Tapaninpäivä), también es feriado y la tradición prescribe un paseo en trineo, aunque ahora ya no queden muchos caballos para arrastrarlos. La gente se reúne en animadas fiestas en las casas o en los bailes de San Esteban en los salones.

La Nochevieja

El Año Nuevo es una suerte de repetición de la Navidad, especialmente en el aspecto culinario, pero a la Nochevieja también están asociados ciertos rituales mágicos: la fortuna del año venidero es revelada por objetos escondidos bajo las tazas, o por la interpretación de las formas originadas al derretir en el hogar unas herraduras de estaño y verterlas en un balde de agua fría: las sombras que proyecte sobre una pared la figura resultante serán los presagios para el porvenir.

Las fiestas navideñas terminan la Noche de Reyes, que en la práctica no tiene relevancia alguna en Finlandia.

La Navidad es una festividad centrada en la familia, particularmente en los niños. Es el momento de recordar lo que pese a su importancia suele olvidarse durante el resto del año: las tradiciones y las raíces, las ideas de amor al prójimo, paz sobre la tierra y buena voluntad entre los semejantes.

La mesa finlandesa de Navidad

La Navidad es la más tradicional de las fiestas finlandesas. Es un período dedicado a la familia, a los parientes más cercanos, a los amigos que no tienen familia, pero especialmente a los niños. Año tras año la mesa navideña exhibe los mismos antiguos y exquisitos platos tradicionales. Las comidas al horno – lo mejor de la cocina finlandesa – pueden hacerse fácilmente unos días antes de las fiestas.

Puding de colinabo (nabo sueco)

Tiempo de preparación: 25-30 minutos Tiempo de cocción de los colinabos: 30-40 minutos
Tiempo de horno:1 ½ – 2 horas
Temperatura del horno: 175°C
Apto para congelar
2 colinabos grandes (alrededor de 1 ½ kg.)
4 dl. de nata o nata mezclada con leche
2 dl. de pan rallado
1 dl. de almíbar oscuro
1 huevo
11/2 cucharadita de jengibre molido
1/2 cucharadita de pimienta blanca
1/2 cucharadita de nuez moscada rallada
1 cucharada de sal
Cobertura: pan rallado, mantequilla

1. Lavar con cepillo y pelar los colinabos. Cortar en trozos grandes y cocer en agua ligeramente salada hasta que estén tiernos.

2. Colar guardando el líquido, machacar los trozos o pasar por una licuadora.

3. Agregar haciendo una pasta la nata y el pan rallado, luego el almíbar, los huevos batidos y las especias, y la cantidad del caldo anterior que sea necesaria para darle una contextura de puré suave a la preparación.

4. Poner en un recipiente para horno previamente untado con mantequilla. Con un tenedor trazar surcos en la superficie. Esparcir una capa delgada de pan rallado.

5. Dar unos toques de mantequilla por encima y poner en el horno.

Nota: se puede fortalecer el sabor del puding de colinabo agregándole cebolla picada levemente saltada.


Salmón fresco salado

Tiempo de preparación: 25 minutos
Tiempo de salazón: 1-3 días
No apto para congelar
1 salmón fresco limpio grande (de unos 2 kg.)
2-4 cucharadas de sal gruesa
1 cucharada de azúcar
1-3 cucharaditas de pimienta blanca molida gruesa (opcional)
Eneldo fresco en abundancia

1. Cortar el salmón por el medio en dos filetes, sin quitar la piel.

2. Secar los filetes con papel absorbente, sin enjuagar.

3. Disponer un lecho de sal en el fondo de un recipiente de tamaño adecuado, con bordes, y poner encima uno de los filetes, con la piel hacia abajo. Espolvorear los condimentos sobre ambos filetes, y colocar el otro encima, con la piel hacia arriba. Esparcir el resto de la sal y el eneldo sobre el salmón. Cubrir bien con papel de aluminio, poner un peso liviano encima para que quede hermético, y dejar reposar en sitio fresco de uno a tres días.

4. Quitar todo el condimento raspando con un cuchillo y cortar los filetes oblicuamente en lonchas finas antes de servir.

Consejo: El salmón fresco salado no requiere ningún tipo de adobo, especialmente en Navidad. Si se prefiere, sin embargo, se puede condimentar con el siguiente aliño de mostaza, que debe prepararse poco antes de servir el salmón:

Mezclar tres cucharadas de mostaza oscura, dos cucharadas de azúcar y 4 de vinagre de vino. Agregar lentamente 2 dl. de aceite, preferentemente de oliva, mientras se bate constantemente. Finalmente agregar eneldo picado fino en abundancia.


Ensalada “Rosolli”

4 patatas hervidas
4 zanahorias hervidas
4 remolachas hervidas o en vinagre
1 pepino en vinagre
1 cebolla pequeña
sal, pimienta blanca
Salsa:
1½ dl. de nata líquida
1½ cucharaditas de vinagre (10%)
1½ cucharadita de azúcar
(caldo de remolacha)

1. Cocinar los tubérculos para ensalada por anticipado, sin pasarse de punto. Pelar los tubérculos y la cebolla. Cortar los ingredientes en pequeños cubos. Mezclarlos y sazonar suavemente con sal y pimienta blanca.

2. Batir flojamente la nata, condimentarla con el azúcar y el vinagre, y colorearla con el caldo de remolacha. La salsa se sirve por separado.

3. La ensalada puede decorarse con huevos duros: separar la clara y la yema, picarlas por separado y ponerlas sobre la ensalada haciendo franjas.


Las galletitas de jengibre "Piparkakut"

Tiempo de horno: 10 minutos por horneada
Temperatura de horno: 200°C
Ingredientes (para unas 200)
300 gr. de margarina
300 gr. de azúcar
3 huevos
250 gr. de almíbar oscuro
2 cucharaditas de canela en polvo
2 cucharaditas de jengibre
2 cucharaditas de clavos molidos
1 cucharadita de cáscara de naranja rallada
1 kg. de harina de trigo
3 cucharaditas de bicarbonato de soda

1. Hervir el almíbar y las especias, añadir la margarina y batir hasta que la mezcla esté fría.

2. Batir los huevos y el azúcar.

3. Mezclar el bicarbonato con parte de la harina, y añadir la preparación a la mezcla de almíbar y margarina. Añadir los huevos batidos y el resto de la harina. No amasar la mezcla final.

4. Cubrir la masa con un plástico y dejarla reposar toda la noche en sitio fresco.

5. Aplanar la masa con el rodillo, cortarla en las formas deseadas y meter en el horno hasta que estén bien doradas.

Virtual Finland/Sinikka Salokorpi

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Actualizado 21/12/2007


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